13.3.08

“[…] – Y cómo es que podéis hablar todas tan bonitamente?
preguntó Alicia, esperando poner al lirio de buen humor con el
halago–. He estado en muchos jardines antes de éste, pero en
ninguno en que las flores pudiesen hablar.

Coloca la palma de la mano sobre el lecho de tierra de
nuestro macizo,
–le ordenó el lirio– y entonces comprenderás por
qué.

Así lo hizo Alicia.
Está muy dura la tierra de este lecho –comentó–, pero aún
así no veo qué tiene que ver eso.

En la mayor parte de los jardines –explicó el lirio– los lechos
de tierra son tan muelles... que se amodorran las flores.
[…]”

(ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO, de Lewis Carroll)

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